Clases de fuego de la A a la K: todo lo que necesitas saber
Las clases de fuegos componen un sistema de categorización del fuego con respecto al tipo de material que arde y el alimento para la combustión, lo que determina las estrategias de extinción y las soluciones de protección necesarias, como las cortinas cortafuegos y barreras de control de humo. Se suelen identificar con letras según el incendio, pero estas difieren según algunos territorios.
¿Qué aprenderás en este artículo?
- Qué son las clases del fuego
- Clases del fuego: una descripción completa
- La importancia de la clasificación de fuego en la protección contra incendios
- Consideraciones generales para cortinas cortafuegos y barreras de control de humo
¿Qué son las clases de fuego?
Según la normativa Española UNE-EN 2-1991/A:2005, los fuegos se agrupan en diferentes clases dependiendo de la naturaleza del material que se encuentra en combustión. La clasificación de los fuegos se realiza de la siguiente manera:
- Clase A: fuegos de materiales sólidos comunes, como madera, papel y textiles.
- Clase B: fuegos originados por líquidos inflamables, como aceites, gasolina y disolventes.
- Clase C: fuegos de gases inflamables, como el gas natural o el propano.
- Clase D: fuegos de metales combustibles, como magnesio o sodio.
- Clase F (o K): fuegos provocados por aceites y grasas de cocina.
- Clase E (solo en EE. UU.): fuegos eléctricos, aunque en otros países esta clase no se utiliza oficialmente.
Esta clasificación facilita la identificación de los riesgos específicos en cada tipo de fuego y permite la aplicación de las medidas más efectivas para su control.
Clases de fuego: una descripción completa
La clasificación de los fuegos responde a criterios vinculados a la naturaleza del combustible, su comportamiento durante la combustión, la energía térmica liberada y los productos generados (llamas, radiación y humos).
Clase A: fuegos de materiales comunes
Los fuegos de clase A afectan a materiales sólidos de origen orgánico que, durante la combustión, generan brasas. En este grupo se incluyen materiales como la madera, el papel, el cartón, los textiles y determinados polímeros. Su desarrollo suele ser progresivo, comenzando con una fase de pirólisis del material y evolucionando hacia una combustión sostenida.
Este tipo de fuego se caracteriza por una liberación térmica continuada y una producción significativa de humos calientes, lo que puede favorecer su propagación a otros elementos cercanos a medida que avanza el incendio.
Clase B: fuegos de líquidos inflamables
La clase B engloba los fuegos originados por líquidos inflamables y sólidos licuables, como hidrocarburos, aceites minerales, alcoholes, disolventes o pinturas. A diferencia de los fuegos de clase A, la combustión se produce principalmente en la superficie del líquido, lo que da lugar a un rápido desarrollo del incendio.
Estos fuegos se caracterizan por una alta intensidad térmica en fases tempranas, llamas intensas y una notable generación de humos densos y tóxicos. La ausencia de formación de brasas hace que la energía se libere de forma más concentrada, incrementando la peligrosidad inicial del incendio.
Clase C: fuegos de gases inflamables
Los fuegos de clase C están asociados a gases inflamables como gas natural, propano, butano o hidrógeno. Su comportamiento está marcado por una velocidad de combustión muy elevada, especialmente cuando se produce una acumulación previa del gas en espacios cerrados.
Este tipo de fuego genera llamas de alta energía y productos de combustión a temperaturas muy elevadas, pudiendo dar lugar a fenómenos de deflagración o explosión. Su evolución suele ser rápida e intensa, lo que incrementa de forma significativa el riesgo para las personas y las instalaciones cercanas.
Clase D: fuegos de metales combustibles
La clase D engloba los fuegos de metales combustibles como magnesio, sodio, potasio, titanio o aluminio en forma de polvo, viruta o granalla. Se trata de fuegos con un comportamiento extremadamente agresivo, alcanzando temperaturas muy elevadas y reaccionando frente a agentes extintores convencionales. Aunque su presencia es poco habitual en edificación general, sí es relevante en procesos industriales específicos.
Clase F (o K): fuegos de aceites y grasas de cocina
La clase F, denominada clase K en otros mercados, corresponde a fuegos originados por aceites y grasas de cocina, especialmente en cocinas industriales y colectivas. Estos fuegos, debido a su alta carga térmica con la generación de humos, se desarrollan a temperaturas muy elevadas y presentan un alto potencial de reignición.
Clase E (solo en EE. UU.): fuegos eléctricos
La clase E se emplea en algunos países para describir fuegos que afectan a equipos eléctricos bajo tensión, aunque no está reconocida como una clase independiente en la normativa europea. Su uso es principalmente operativo, orientado a identificar riesgos asociados a instalaciones energizadas.
En este caso, el elemento determinante no es el tipo de combustible, sino la presencia de tensión eléctrica activa, que condiciona las estrategias de intervención y extinción. Una vez sofocada la alimentación eléctrica, el fuego deja de considerarse de riesgo eléctrico y pasa a clasificarse según el material que se encuentre en combustión.
La importancia de la clasificación de fuego en la protección contra incendios
La clasificación del fuego condiciona de forma directa cómo debe plantearse la protección contra incendios en un edificio. No todos los fuegos se desarrollan igual ni generan los mismos riesgos, por lo que identificar correctamente el tipo de combustible permite anticipar su comportamiento y definir las medidas de protección más adecuadas.
Cada clase de fuego presenta diferencias relevantes en cuanto a intensidad, velocidad de propagación, temperatura alcanzada y volumen de humo generado. Estos factores influyen en la forma en la que el fuego puede extenderse entre espacios, afectar a la estructura o comprometer las vías de evacuación. Por este motivo, la sectorización del edificio y el control de la propagación del fuego y los humos deben diseñarse en coherencia con los riesgos reales presentes en cada uso.
La clasificación del fuego también tiene un impacto directo en la definición de los sectores de incendio y en los requisitos de resistencia al fuego de los elementos que los delimitan. En edificios de pública concurrencia, infraestructuras críticas o entornos industriales, una clasificación adecuada resulta clave para limitar daños, facilitar la evacuación de las personas y permitir una intervención más segura de los servicios de emergencia.
Además, la normativa en materia de sectorización y control de humos parten de esta clasificación, ya que los riesgos asociados a los materiales presentes y a la actividad desarrollada determinan las soluciones que deben incorporarse al proyecto. Una correcta interpretación permite diseñar sistemas ajustados a las necesidades reales del edificio, evitando soluciones ineficaces o desproporcionadas.
Consideraciones generales para cortinas cortafuegos y barreras de control de humo
La sectorización es uno de los pilares fundamentales de la protección pasiva contra incendios. Su objetivo es confinar el fuego y los productos de la combustión dentro de un sector determinado, limitando su propagación y manteniendo condiciones aceptables para la evacuación y la intervención de los equipos de emergencia. En este contexto, las barreras de control de humo y las cortinas cortafuegos cumplen funciones complementarias, pero claramente diferenciadas.
Las barreras de control de humo están diseñadas para gestionar el comportamiento de los gases calientes generados durante un incendio. Pueden actuar como elementos delimitadores, creando depósitos de humo bajo cubierta, o como sistemas de canalización, dirigiendo los humos hacia zonas de extracción natural o mecánica. Por su parte, las cortinas cortafuegos están concebidas para contener la propagación de las llamas y la radiación térmica entre sectores de incendio.
Por otro lado, las cortinas cortafuegos ofrecen una serie de ventajas claras frente a soluciones tradicionales como las puertas cortafuegos:
- Integración arquitectónica versátil: su diseño permite integrarlas en una amplia variedad de espacios sin alterar la operatividad de los recintos ni comprometer la estética arquitectónica del proyecto.
- Sistema retráctil y no invasivo: permanecen ocultas durante el uso normal del edificio y se despliegan únicamente en caso de incendio. Esto garantiza la protección frente al fuego sin interferir en la funcionalidad diaria ni en la percepción visual de espacios diáfanos, dobles alturas o atrios.
- Mantenimiento de la fluidez espacial: al no existir elementos permanentes en posición de cierre, se preserva la continuidad visual y funcional de zonas de paso y grandes espacios abiertos, algo difícil de conseguir con soluciones rígidas como puertas o muros cortafuego.
- Compartimentación sin pérdida de superficie útil: permiten sectorizar sin necesidad de cerramientos fijos, evitando la ocupación permanente de superficie y manteniendo intacta la funcionalidad del espacio disponible.
- Ligereza y mínima carga estructural: fabricadas con tejidos técnicos de altas prestaciones —como fibra de vidrio con recubrimientos especiales— ofrecen una elevada resistencia al fuego con un peso reducido, sin añadir cargas significativas a la estructura del edificio.
- Adaptación a geometrías complejas: resultan especialmente eficaces en proyectos con formas arquitectónicas singulares, grandes luces o configuraciones irregulares donde las soluciones tradicionales de compartimentación no son viables.
¿Necesitas incorporar soluciones de sectorización o control de humos en tu próximo proyecto?
En Tecnitex diseñamos e implementamos sistemas textiles, desde la fase de concepto hasta la puesta en marcha y posterior mantenimiento, garantizando que cada solución se integre de forma eficaz y conforme a la normativa vigente. Contacta con nosotros para evaluar las necesidades de tu proyecto.